
Más allá de definiciones eruditas y técnicas de venta, el escaparatismo es percibido de un modo muy diferente por los paseantes. El Flâneur, como lo llamaría Baudelaire, hace suya la ciudad y su actividad favorita es la de pasear y mirar… mirar y ser vistos, disfrutar de la ciudad-paisaje y de los actores que la habitan, interpretar su papel en la ciudad-teatro.
No han cambiado demasiado las cosas en ese sentido desde el siglo XIX, en cierto modo somos herederos del exhibicionismo público del que se alardeaba en el Paris de Haussmann. Nosotros observamos el gran decorado urbano de un modo expectante y él se abre a nosotros como barraca de feria que oculta mundos extraños, la ciudad como un gran teatro que nos muestra sus escenarios, descorre los telones a nuestro paso y se apodera de nuestros sueños.
Debemos aprender a disfrutar de aquello que nos encontramos en nuestro camino sin más pretensión que la del placer de mirar, dejarnos cautivar con plena consciencia sin necesidad de poseer. Participemos de esa gran representación de un modo libre y voluntario, porque solo de ese modo el Arte de Vender habrá cumplido su fin.
Dejar un comentario
Aún no hay comentarios.
RSS de los Comentarios Identificador URI de TrackBack
