Son creaciones transitorias, con un tiempo limitado de vida y una finalidad muy concreta: vender un producto o una imagen sólida y de prestigio, vinculada a un acto determinado, una conmemoración especial o una presentación.
En un mundo globalizado, en continuo cambio y regeneración, el diseño efímero juega un papel fundamental, construye un mundo ilusorio que debe captar la atención del viandante, visitante, espectador o consumidor en un tiempo record. El artista debe enfocar toda su creatividad no solo en la belleza estética, sino en la utilidad, que se consiga el fin para el cual se ha construido dicha obra, que el placer de los sentidos y la practicidad sean indisolubles.
La rapidez con la que se trabaja en diseños efímeros obliga al creador a estar al tanto de las últimas tendencias, en constante aprendizaje y renovación, conocer los nuevos materiales e investigar sus múltiples posibilidades y si fuese necesario reinventarlos… lo que ayer era válido, hoy ya tal vez no lo sea, ha quedado obsoleto o ya no es novedoso.
La memoria es frágil, lo último es lo que queda en nuestro recuerdo, lo que impregna nuestra retina y lo que retiene nuestro subconsciente… el escaparate de la temporada pasada ya es historia; el stand de la feria anterior ha sido sustituido por otro más espectacular; los decorados de Don Giovanni duermen entre telones, sillas y figuras de cartón piedra en el sótano de algún teatro… ahí reside el atractivo de lo efímero, en la belleza de la brevedad, de lo que ha sido creado con la consciencia de que ha de ser destruido y ha cumplido su objetivo.
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